Después de llorar los lamentos de un salario mínimo, mi cama me consuela, y ese recuerdo del olor a ti invade mi olfato.
Inhalar tu aroma es mi cocaína y mi alcohol tus besos a los que jamás renunciaría.. Y después me persigue esa sensación de tus manos acariciando todo lo que me podías acariciar, mi piel de gallina y ese brillo de esos ojos negros... Cada sensación como si nunca te fuiste, es así como sobrevivo otra jornada igual.
Tus labios masajeando casa esquina de mi y así es como poco a poco me destrozó cada nervio de mi cuerpo, en recordar que no estas aquí.
Soy tan adicta a tus versos, aunque siempre espere tu pérdida de conciencia para verlos otra vez, porque ya no los veré, porque ya te congelaste en mi, y ya te congelaste en ese mayo bendito
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