Ni sus labios son resabios de las mañanas morales, ni sos ojos unas vitrinas de aquellos ventanales
Dejamos el recuerdo de los gestos más perdidos en aquel baúl, donde nunca más salió esa juventud pobre de ganas y grande de recuerdos.
Nos olvidamos de las tablas de multiplicar y mejor pensamos en que quizás no habrá mañana.
Y quizás los labios propios no sean besables, más que el encuentro, con la propia soledad
Que me importa que estén llenos aquellos matorrales, mientras, tenga el silencio sobre aquel encuentro casi militar.
Y que me importa que los humedales no guarden más el reflejo de la luna propia, que prosigue después de entonar el llanto silente que te tardaste en sacar.
Cuanto más te vas a guardar la ira que espera por sus brazos, cuanto más vas a empezar a formar buenas moñas que nunca dejaron de funcionar.
Y mientras el cielo se postraba azul para las mañanas de desenfreno, las tarde de agonía en esa rueda que llamamos vida, dejaron la tambora en el tecleo eterno de tu piano
Ay ay ay….. Pobre soledad, esta tan sola, sola guardando el beso del semidios que no llego a su destino, quizá porque murió el negrito lejano que te hacia compañía antes. Porque esos rizos dejaron su forma.
Seguimos siendo villanos todos, perdimos esa brújula de chocolate que nos dio el rumbo en algún tiempo, cuando la unidad era una y los labios se abrieron para gritar, que no quería esos otros labios mortales y que no hubo mejor afecto que el que se demostró en la silla eléctrica.
No es negocio dejar la dignidad de gratis, ni bonito un cuete en el corazón.
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