jueves, 20 de enero de 2011

Trescientos treinta dias

Y si el lamento de haberme ausentando en mente
Es la pena de ser quien oye los acordes capilares
Que hacen de la mañana cada vez más larga y más corta
Hacen de esa espera mi ausencia 
Por solo pensar en un futuro que parece romperse por las noches croatas
Y en los cabellos largos de una mirada osca y fría

Podría darme la vuelta y dejar colgada la pendiente del desconsuelo
Podría correr contra mis principios
Contra mis intereses
Contra la influencia de mi dentro de mí y por mi
Mas la noche es clara cuando no existe la pendiente y el silencio un bello sonar de un radar
Que busca el rebote preciso para poder recordar trescientos sesenta días de suplicio de llanto y calma
Trescientos treinta días que esperaban una observación 
Una llamada, un respiro, una mirada osca y fría diferente no igual pero diferente

Y ya estuviste en ese instante
Cuando las estrellas brillaron a lo largo del firmamento, para llamar a las tres Marías así las demás constelaciones confirmaron ese tiempo de espera, y lo agrandaron, aunque se redujo a la vez
Y si en la mañana la pendiente hizo su ruptura
Seguramente no la corte yo

¿Acaso más recuerdos detenidos deberíamos estremecer para poder realizar la odisea del juego?
¿Qué tanta sangre se tiene que derramar para que las estrellas vivan más y sean más?
Parque Central de Salamá
¿Qué tanto llanto de madre debemos ocasionar para lograr el futuro más cierto...?

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